30. DOS AÑOS DESPUÉS. EPÍLOGO

30. Dos años después.

 

Tomás Ignacio Larrañiche, sentado en la cabecera del gran salón de reuniones del Senado de la República, tocaba la campanilla y con voz pomposa y grave daba por iniciada la sesión del Congreso Pleno de la República:

—¡En el nombre de Dios y de la Humanidad se abre la sesión!

Estaban presente los 24 senadores y los 62 diputados que constituían el Congreso Constituyente. Habían sido electos por el voto universal de los ciudadanos mayores de 18 años, después de un proceso electoral en que todos pudieron informarse cabalmente de las hojas de vida, de las realizaciones y de las ideas expresadas por los candidatos durante los últimos 10 años en los medios de comunicación y en las redes virtuales. El Congreso estaba compuesto, adicionalmente, por 3 senadores y 5 diputados llamados “virtuales”, cuya labor consistía en comunicar fielmente las preferencias que los ciudadanos habían expresado en un proceso previo de Consulta Ciudadana realizado por Internet- 5.

En esa, la primera sesión en que ambas cámaras se reunían en conjunto, se concluía el proceso legislativo correspondiente al nuevo Código Penal que regiría en la República. Un proceso legislativo que había contado con la más amplia participación popular expresada en la plataforma virtual de la Consulta Ciudadana; con Informes Científicos y Técnicos elaborados por connotados especialistas de diferentes disciplinas y campos del saber; y con las aportaciones que en los múltiples artículos del Proyecto habían ya sido aprobadas, rechazadas o modificadas por las Comisiones pertinentes de ambas ramas del Congreso. Y que, en lo esencial, contenía la propuesta elaborada por Matilde Moreno con la ayuda de sus amigos filósofos y científicos.

La Sesión Plenaria presidida ese día por el Senador Tomás Ignacio Larrañiche, quien había sido electo con la más alta mayoría de votos del país, era la culminación protocolar de un proceso legislativo ejemplarmente democrático, que enorgullecía al país, que de ese modo estaba dando un ejemplo al mundo de cómo podían recuperarse la democracia y las libertades y los derechos políticos sin afectar sino perfeccionando el orden social.

Tomás Ignacio Larrañiche, consciente de que la Sesión estaba siendo transmitida a todo el país y a gran parte del mundo, presidía con el espíritu republicano que había conocido en su juventud en las ocasiones en que su padre, que fue Senador de la vieja República durante dos períodos, lo había invitado a presenciar como público las sesiones del antiguo órgano legislativo.

Mientras los legisladores desde el estrado enunciaban en breves discursos las razones que justificaban sus votos de aprobación o rechazo de los artículos y glosas del proyecto del nuevo Código Penal, por la mente de Tomás Ignacio pasaban fugazmente los recuerdos de lo que había acontecido desde aquél memorable día en que Juan Solojuán fue asesinado, Matilde Moreno secuestrada, y el público que acudía al Auditorio para oir la conferencia brutalmente reprimido.

La Dictadura Constitucional Ecologista y la CIICI se habían aferrado a la versión oficial de aquellos sucesos, que atribuían a una asonada delictual en que la policía había sido sobrepasada por la acción de los delincuentes, logrando finalmente controlar la situación y restaurar el orden. Versión que no fue creída por nadie, ante la abundante evidencia testimonial y audiovisual que fue difundida por las redes independientes. Pero el golpe final a la versión oficial ocurrió cuando se dió a conocer públicamente el contenido del Archivo Encriptado que fue descubierto en el equipo computacional en que trabajó el agente de la CIICI Benito Rosasco, infiltrado en el Departamento Jurídico de CONFIAR.

En el archivo estaban registradas las instrucciones que daba el Director de la CIICI a su agente encubierto, para que éste identificara a las personas que habían conseguido una entrada para asistir presencialmente a la conferencia. Que buscara toda la información que pudiera sobre ellas, con el objeto de identificar a aquellos individuos que, por su temperamento, pudieran estar más orientados a resistirse frente a la acción policial y que más fácilmente se los pudiera provocar para que reaccionaran con alguna violencia cuando fueran golpeadas por la policía. Y otras muy serias informaciones que ponían en evidencia los métodos enteramente impropios e ilegales con que actuaba la CIICI.

Ante la indignación ciudadana que suscitó el conocimiento del proceder de la CIICI, el organismo represor fue cerrado y el Gobierno se vió obligado a renunciar. Asumieron el Poder Ejecutivo en subrogancia, un Triunvirato que debía permanecer en el poder hasta que una Nueva Constitución fuese aprobada en Plebiscito y promulgada.

El nuevo Gobierno provisorio había conducido un Proceso que condujo a la formación de una Asamblea Constituyente elegida por los ciudadanos, la que tenía la misión de preparar el texto de la nueva Constitución que sería sometido a la aprobación plebiscitaria.

Tomás Ignacio Larrañiche presidía ahora la Asamblea en que se sometía a votación el Proyecto de Código Penal. Cuando los parlamentarios terminaron de enunciar su voluntad y votar sobre los artículos, con la información del resultado transparentada en la pantalla, Tomás Ignacio se puso de pié y exclamó con voz tan fuerte que se oyó casi como un grito:

—¡Se aprueba el Nuevo Códico Penal con el ochenta por ciento de los votos de este Congreso Pleno, expresión máxima de la voluntad popular del país! Con la firma del Presidente de este Senado y del Presidente de esta Cámara de Diputados, se promulga el nuevo Código Penal que regirá en todo el territorio de la República de Chile desde el día de hoy. Su implementación será realizada de acuerdo a los artículos transitorios y al Reglamento, que han sido aprobados conjuntamente.

Una ovación se levantó en la Sala. Una ovación que se repidió en todos los hogares y en todos los espacios públicos y privados donde los ciudadanos habían seguido la transmisión del Acto Legislativo.

 

***

 

Tres meses después, el ex-general Conrado Kessler y el ex-coronel Ascanio Ahumada, junto a numerosos delincuentes, salían de la cárcel de alta seguridad donde habían estado recluidos desde hacía dos años. Una tobillera que emitía intermitentemente destellos rojos indicaba que eran reos de alta peligrosidad, y un sonido distintivo que sonaba cada tres minutos advertía a los ciudadanos y a los policías, que por allí caminaba un peligroso criminal que debía ser vigilado. No dejaba de ser paradójico que el ex-general y el ex-coronel se vieran de este modo beneficiados por un Código Penal que fue ideado mientras ellos empleaban todo su poder para impedir que Matilde lo pudiera exponer en su conferencia.

 

EPÍLOGO.

 

Matilde Moreno se sentó frente al transcriptor de textos, dispuesta a escribir el final de su novela: el apoteósico evento colectivo mundial, de cuarenta días de duración, en que la Humanidad Unificada cumpliría la fase final de su Transvaluación. Un final que había imaginado antes de comenzar a escribirla. Un epílogo al que se habían orientado, siguiendo extraordinarios, curiosos y emocionantes recorridos, los personajes, hechos, conflictos y nudos que había ya relatado en los capítulos anteriores.

Matilde se había resistido a las presiones que le hicieron muchas personas e importantes instituciones, incluido el Consorcio Cooperativo CONFIAR, para que participara directamente en la política postulando para integrar la Asamblea Constituyente. Pero Matilde tenía clara su vocación de escritora. Sabía que la literatura era más importante que la política, porque aquella influye en el corazón y en la conciencia, en la formación de los sentimientos, emociones e ideas de las personas, las vuelve más sanas y mejores moral y espiritualmente, de modo que estarán después habilitadas para perfeccionar la economía y la política, las empresas y las instituciones.

Matilde cerró los ojos y comenzó a dictar el texto que se fue formando en la pantalla:

 

Epílogo.

El proceso de Transvaluación continuó expandiéndose por todo el mundo. Las resistencias que todavía oponían los líderes y representantes más recalcitrantes de los tres grupos en que se encontraba dividida la humanidad estaban siendo derrotadas por el impulso renovador de las personas que se habían desligado de sus anteriores identidades.

No reconociéndose ya como Full Informatizados, Potenciados Vitales y Espíritus Cordiales, muchísimas eran las mujeres y los varones, de todas las edades si bien mayoritariamente adolescentes y jóvenes, que formaban parte de un movimiento social de nuevo tipo que había adoptado el nombre de “Humanos Integrales”. A través de las prácticas de Transvaluación se estaba configurando un nuevo tipo de humanidad, resultante del cruce genético, de los aprendizajes cruzados y de la valoración comprensiva de los desarrollos que habían alcanzado hasta entonces separadamente los FI, los PV y los EC.

Era una Novísima Civilización la que estaba surgiendo y expandiénsose. Una Civilización, o sea una forma nueva de ser y de vivir que se articulaba tanto localmente como globalmente.

La articulación local se expresaba en la formación de familias numerosas y de comunidades organizadas, en las cuales se compartían armónicamente las experiencias espirituales y las actividades deportivas; el estudio de las ciencias, el cultivo de las artes y las competiciones deportivas. En ellas se vivía intensamente el amor a la naturaleza y el amor fraterno, se desplegaban el trabajo y el ocio, se practicaban la introspección y las comunicaciones. Las personas de todas las edades y sexos disfrutaban libremente los goces del conocimiento y del espíritu, las alegrías de la creatividad y la convivencia, los placeres de los sentidos y del cuerpo.

Ya podían vislumbrarse las formas que asumiría una humanidad integrada en la que cada persona sentía que la tierra era un único país del cual todos se sentían ciudadanos libres e iguales.”

Matilde se disponía a describir el Evento Final cuando fue interrumpida en su dictado por el run run del timbre de la casa. Se sorprendió porque no esperaba a nadie esa tarde.

Fue a abrir la puerta. La sorpresa fue grande al ver que habían llegado Mariella y Tomás Ignacio, Ambrosio y Lucila. Chabelita, Antonella y Alejo, Eduardo, Gabriel y varios de sus amigos del IFICC, trayendo comidas, vinos, bebidas, frutas y tortas. Venían a celebrar la reciente promulgación de una nueva Ley de la República que regulaba la tenencia de mascotas en las casas.

Antes de entrar se pusieron en dos filas frente a la puerta dejando pasar por el medio a una hermosa y simpática cabra blanca radiante que traían de regalo a Matilde.

 

FIN