UNIDAD CON DIVERSIDAD: EL PAPEL DE LAS RELIGIONES - GERARDO GONZÁLEZ CORTÉS

“¿Cuál es el principal desafío que enfrenta hoy la humanidad?” Hay que volar muy alto para intentar dar respuesta a esa pregunta. Sin pretender que sea el principal desafío, pienso que construir una sociedad global pacífica que permita conciliar armónicamente UNIDAD con DIVERSIDAD es uno de ellos. Y estrechando más el campo, propongo que reflexionemos sobre el papel de las religiones en ese proceso.

Una posible visión de esa sociedad que queremos construir la hemos expresado en los siguientes términos en la “Declaración por la Paz en el Mundo” preparada por el Foro Espiritual de Santiago por la Paz y que leemos cada año el 21 de septiembre al celebrar el Día Internacional de la Paz:

…Queremos para Chile y para el mundo una paz genuina y duradera, hecha cultura y grabada como anhelo en el corazón de cada ser humano; una paz sólidamente basada en las estructuras de una nueva sociedad, más justa, solidaria y armoniosa que la actual, profundamente respetuosa de los Derechos Humanos y de la Vida en todas sus manifestaciones, en la que compartir sea más importante que competir, y en la que el diálogo y los acuerdos sustituyan a toda forma violenta en la solución de los conflictos. …..

…Queremos para nuestra generación y las generaciones futuras un mundo donde la diversidad de culturas y de creencias sea valorada y respetada, un mundo de hermanos y hermanas reconciliados entre sí y con la Tierra,…..

¿Qué papel pueden jugar las religiones, sus líderes y sus comunidades en la realización de esta visión de sociedad global?

No cabe duda que las religiones expresan su diversidad en la sociedad global y contribuyen a ella, pero ¿en qué medida y por qué caminos aportan a la convivencia pacífica y a la unidad o las dificultan?

Y otra pregunta crucial: ¿las religiones con sus líderes, comunidades y recursos organizacionales siguen siendo actores sociales vigentes y relevantes en la actualidad? Intentemos responder primero a esta última pregunta y luego a las precedentes.

Vigencia de las religiones

Desde los tiempos de la Ilustración son muchos los que han previsto la muerte de Dios y de las religiones, pero no ha ocurrido así, al menos a escala global. Estudios recientes estiman que ocho de cada diez de los 7.560 millones (1) de seres humanos que habitan el planeta son creyentes. De cada 100 creyentes, aproximadamente 38 son cristianos, 28 son musulmanes, 18 son hinduistas y 9 budistas. Los judíos representan en este universo de creyentes apenas el 0,2 por ciento.(2)

Es cierto que los procesos de urbanización, elevación de los niveles de educación y secularización han ido acompañados de un incremento de quienes se declaran no afiliados a alguna religión. Sin embargo, en el caso de Francia por ejemplo, un país considerado pionero en este proceso y ejemplo de estado laico, éstos representan sólo alrededor de un cuarto de la población.(3) Es cierto también que en las cohortes más jóvenes la proporción de no-creyentes tiende a ser significativamente mayor que en las cohortes de sus padres y abuelos. Así, en el caso de Estados Unidos, una nación considerada más bien religiosa, mientras los no-creyentes representan en un estudio reciente (2014) sólo el 11% de la cohorte de nacidos entre 1928 y 1945, esta fracción se eleva a 37% en la cohorte de los nacidos entre 1990 y 1996, que podríamos considerar como sus nietos.(4) Sin embargo, llama también la atención que –mirando la otra cara de la moneda—el 63% de esa cohorte de “millennials”, como les han llamado, jóvenes que al momento del estudio tenían entre 18 y 24 años, siga identificándose como creyente en alguna fe tradicional.

Al peso demográfico hay que sumar la influencia política que conservan en numerosos estados, especialmente en aquellos predominantemente islámicos, y su poder social a través de sus organizaciones comunitarias, escuelas, universidades y canales de radio y televisión.

¿Qué hace a algunos abandonar la fe de sus padres y a otros seguir profesándola? Pienso que la fe religiosa sigue cumpliendo su función de siempre: conferir sentido a la vida, al dolor y a la muerte; dar identidad social, hacernos parte de un nosotros. Sin embargo existe un conflicto cada vez más patente entre la cosmovisión antigua, sobre la que se apoya desde sus inicios la formulación de las religiones tradicionales, y la cosmovisión moderna, basada en el conocimiento científico de nosotros mismos y de nuestro mundo, que amenaza a las religiones y hace que algunos de sus miembros las abandonen. La primera es más bien mítica, heterónoma, dualista –con una clara distinción supuestamente ontológica entre el ámbito “sobrenatural” de los espíritus y el ámbito “natural” de los seres materiales--; con espíritus buenos y espíritus malos que se disputan a los humanos para llevárselos al cielo o al infierno, ya que existiría otra vida después de la muerte. La otra –la cosmovisión moderna- se va construyendo y cambiando a partir principalmente de un conocimiento crítico sistemático entregado por las ciencias de manera autónoma –esto es autogenerada por la comunidad científica global—y no por una instancia divina o sagrada, cuestionando la existencia de un orden sobrenatural y necesitando cada vez menos de esa explicación para entender qué somos y la naturaleza del mundo en que vivimos.

Los creyentes menos educados, que son cada vez menos, suelen no percibir el conflicto entre ambas cosmovisiones. Los más educados sí suelen sentirlo y han ido adoptando diversos caminos para abordarlo. Algunos lo resuelven desafiliándose de la religión de sus padres y convirtiéndose en no creyentes. Otros, tanto individual como colectivamente, optan por mantener separadas en sus vidas las esferas de la fe y de la ciencia, evitando voluntarísticamente que choquen. Los más audaces asumen el desafío de reformular su fe, renovándola. Por último, están quienes optan por blindar su fe, aceptando sólo la lectura literal de sus textos sagrados y conservando rigurosamente los rituales y códigos éticos originarios, que es el camino tomado por los llamados “fundamentalistas”.

¿Cómo se expresa la diversidad religiosa? Cada religión se define por un conjunto de creencias que suele precisarse en dogmas de fe, que incluye relatos sobre el pasado y el futuro; un sistema de valores que fundamenta su moral; rituales y costumbres que fortalecen tanto la fe comunitaria como la identidad religiosa, y una organización que puede ser más o menos cohesionada y jerárquica.

¿Qué elementos de la diversidad religiosa contribuyen a la “unidad en la diversidad” y cuáles la dificultan? Tiendo a pensar que hay en general convergencia valórica entre las religiones y principios morales (no reglas o prescripciones) compartidos. En todas la llamada Regla de Oro –“trata a los demás como te gusta que te traten a ti”- es valorada. Es a nivel de las creencias y dogmas donde las diferencias suelen ser más difíciles de superar. En este campo pienso que el mayor obstáculo es la creencia en algunas religiones de ser “la verdadera” y el “único camino de salvación”, llegando incluso a descalificar a las demás religiones como obra del demonio.

Los dos extremos del espectro: Macroecumenismo versus fundamentalismos

Macroecumenismo. Ha ido tomando fuerza en décadas recientes lo que podemos denominar como “movimiento macroecuménico” que apunta a favorecer el diálogo y la cooperación entre creyentes de distintas tradiciones religiosas, involucrando también a sus líderes. He participado activamente en ese movimiento durante los últimos veinte años, llegando a la conclusión que éste se apoya sobre tres pilares. El primero es la convicción que el amor es más importante que la verdad. El segundo es el respeto por la libertad religiosa de las personas y comunidades. El tercero es la valoración de la diversidad.

primer pilar es crucial porque permite centrar el diálogo y la cooperación en torno a valores y principios éticos compartidos, que son muchos (justicia, solidaridad, paz, compasión, etc.) y trabajar juntos o al menos de manera coordinada en el logro de objetivos comunes tales como la erradicación de la pobreza, la ayuda a desplazados y refugiados y la protección de la “Casa Común” como la ha llamado el Papa Francisco. El segundo implica que la promoción de la propia fe –que es legítima- tiene que hacerse con pleno respeto por la libertad del otro, y que es posible que creyentes de distintas religiones trabajen juntos en torno a valores y objetivos compartidos. El tercero implica dejar de lado una de las principales causas de violencia interreligiosa en la historia de la Humanidad: la pretensión de poseer el “monopolio de la verdad” y ser portadores del “único camino de salvación”. Este es un tremendo desafío tanto para el cristianismo como para el islamismo.

Los fundamentalismos religiosos modernos. Son bien conocidos, especialmente cuando --en casos que son minoritarios-- recurren a la violencia e incluso al terrorismo. Para ellos la “verdad” importa más que el “amor”…. y se sienten poseedores y defensores de esa “verdad”, lo que les confiere un sentido de superioridad; la libertad religiosa es sólo para los fieles seguidores de su religión, no para los que promueven el error y, por tanto, la diversidad religiosa no es vista como riqueza sino como amenaza. Los fundamentalistas miran hacia el pasado como fortaleza segura frente a dos amenazas: la externa, representada por la secularización, el surgimiento de una sociedad sin Dios ni fe; la interna, representada por los movimientos liberales que al interior de su propia religión reinterpretan los textos sagrados intentando conciliarlos con las exigencias de los nuevos tiempos y la nueva cosmovisión. La radicalidad de los fundamentalismos se entiende porque perciben ambas amenazas como potencialmente letales para su sobrevivencia religiosa. En algunos casos se limitan a encerrarse protegiéndose de ambos contagios. En otros, como el de ISIS, se han lanzado a través del restablecimiento del Califato a la restauración de un espacio seguro.

Si este análisis es válido, ¿Qué caminos podemos seguir para debilitar los fundamentalismos y fomentar los procesos de renovación teológica y el macroecumenismo con miras a una creciente “unidad en la diversidad” en la sociedad global?

Estas preguntas son fáciles de formular, pero difíciles de responder. Invito a los convocantes de este encuentro para asumir colectivamente la tarea de ir contestándolas y promoviendo la puesta en acción de las propuestas que de ahí resulten.


http://countrymeters.info/es/World

https://hipertextual.com/2015/07/religiones-diversidad-mundo

http://indexmundi.com/france/religions

https://www.huffingtonpost.com/2015/05/12/pew-religious-landscape-survey-2014_n_7259770.html